Explora las Historias de TORRELOMA

Cronología de los hechos que marcaron su identidad


POR QUE LA ESCUELA 3 DE NOVIEMBRE DE TORRELOMA TIENE ESE NOMBRE?

En la década de 1970 con la profesora María Ramos la escuela de Torreloma alcanzó su fiscalización, en aquel entonces la comunidad pertenecía a la zona de Las Guardias. Fue el cuencano Miguel Paida quien supervisó y puso dicho nombre a la institución en honor a la independencia de Cuenca.


FESTIVIDADES EN HONOR A LA VIRGEN DE LA NUBE DE TORRELOMA:

“Cada año, al cierre del mes de agosto, la comunidad de Torreloma se viste de gala para celebrar su Fiesta Mayor.

Si bien el origen de esta festividad radicó un 30 de Agosto con la inauguración de la infraestructura vial que conectó a la localidad en la década de los 70, fue don Miguel Paredes quien hizo que el sentido de la celebración se transformara, con su donación de la primera imagen de la  Virgen de la Nube, para ser ella quien hoy preside los actos festivos de la comunidad.


LAS EXCURSIONES Y EL CANTO EN LAS MONTAÑAS


En aquellos tiempos, era común realizar las llamadas «excursiones», donde visitábamos otras escuelas para estrechar lazos de amistad.

Visitamos la escuela Caspicara de la comunidad Tiqibuzo, donde fuimos recibidos por docentes recordadas como la Lic. Hilda Verdezoto.
Lo más emocionante de estos viajes era el camino. La Licenciada María Ramos guiaba a más de 100 alumnos que, mientras caminaban por los senderos, cantaban a viva voz temas icónicos de nuestro Ecuador:

Pobre Corazón

La Naranja

El Peregrino


Ese coro de voces era tan fuerte que, como dicen los que estuvieron allí, «traspasaba las montañas», dejando un eco de alegría que aún resuena en la memoria de Torreloma.


DANZAS

La parte artística cobró vida gracias al entusiasmo de la Lic. María Ramos. Bajo su dirección, la comunidad disfrutaba de:

  • Sainetes y dramas: Actos cómicos y obras teatrales que unían a las familias.
  • Danzas folclóricas: Presentaciones preparadas con los estudiantes de la Escuela 3 de Noviembre.
    Uno de nuestros mayores logros fue ganar el Festival de Danza del Cantón Chillanes (Régimen Costa). El concurso se realizó en el recinto Achín, en la Escuela 5 de Junio, donde nuestro grupo se llevó el primer lugar.

Testimonio: Don Ángel Vinueza, participante de aquella danza ganadora, recuerda con cariño a los compañeros que dejaron en alto el nombre de nuestra escuela entre los años 1975 y 1980.

Algunos de los Integrantes de aquel grupo:

Mujeres: Piedad Yanes, Rita Silva, Máxima Sánchez, Anita Muñoz, Yolanda García, Isabel Paredes y María Buñay, y much@s mas.

Hombres: Nelson Guamán, Olmedo Montero, Mesías Ramos, Armando Orozco, y Hugo García.


FESTIVIDADES DEL NIÑO JESUS


La identidad de nuestra comunidad se ha forjado con fe, arte y el esfuerzo de sus primeros habitantes.

Todo comenzó con la Fiesta en Honor al Niño Jesús, la primera gran celebración religiosa de Torreloma.

Nuestros fundadores y primeros pobladores, con gran visión y unidad, decidieron darle la importancia que merecía festejando al Niño Jesus en el mes de Diciembre. La Banda García Moreno, una institución musical que, con orgullo, sigue vigente hasta el día de hoy sono en las primeras fiestas de Torreloma.


NICIO DE LA EVANGELIZACION

A partir del año 1965, Torreloma comenzó a recibir a los primeros misioneros. Recordamos con gratitud a sacerdotes españoles como el Padre José Luis Paida, seguidos por figuras clave como Monseñor José Luis García y Augusto Gaibor (quien luego sería Obispo).


En aquellos tiempos, la hospitalidad de las familias era el pilar de la misión. Los sacerdotes acampaban en los hogares de Don Manuelito Paredes y Don Ranulfo García.

Tras celebrar la Eucaristía, seguían su arduo camino a lomo de mula por la ruta de Chaquiñan, atravesando zonas montañosas hacia la provincia del Guayas. En la zona de La Fortuna Alta, eran acogidos por familias como las de Joaquín García y Manuelito Guevara.


LA EPOCA DE ORO: EL VIERNES SANTO Y LOS CUADROS VIVOS


Bajo la guía del Reverendo Jorge Alarcón, quien estuvo al frente de la parroquia por dos décadas, la comunidad vivió un fervor misionero sin precedentes. Durante 15 años, la celebración del Viernes Santo se convirtió en un referente regional.
Adultos mayores de la comunidad, junto a jóvenes de la catequesis, representaban los «Cuadros Vivos» de la Pasión de Cristo, recorriendo desde los hogares de Don Ángel y Don Vicente hasta la Cruz Alta Misionera.

Fieles al texto bíblico de Hechos 2:42, la jornada culminaba con una fanesca comunitaria, compartiendo alimentos típicos con visitantes de comunidades aledañas que hoy recuerdan esos tiempos con gran nostalgia.


LA CATEQUESIS


La formación espiritual en Torreloma se consolidó a través de sus catequistas. Aunque hubo pioneras como las señoras

Carmen, Rita María y Mercedes Paredes o Angélica Vinueza. En 1975 hubo un periodo de vacío que terminó gracias a la visión del Monseñor. José Luis García. Su dinámica impulsó el surgimiento de nuevos líderes espirituales:

  • Walter
  • Anita
  • Fabiola
  • Don Ángel Vinueza, quien ha dedicado más de 35 años ininterrumpidos a este servicio.

DE ¨ LA SOLEDAD A TORRELOMA¨ EL CAMINO DE NUESTRA HISTORIA.

Década de 1930 – 1940: El primer poblador y «La Soledad»


La historia de la localidad comenzó cuando Don Segundo García Dávila, originario de la parroquia Santa Fe (Cantón Guaranda), llegó por primera vez a la zona denominada La Soledad perteneciente a la hacienda de Guayabal propiedad del señor Benigno Velasco. Interesado en estas tierras, García adquirió una propiedad en una de las montañas más altas con vista a la Costa.

Tras su llegada a estas tierras, Don Segundo no solo buscaba un refugio para su familia, sino un legado que pudiera delimitar con claridad. Con esa visión en mente, fijó los límites originales de su propiedad partiendo desde lo que hoy conocemos como el Mirador de Torreloma.


Desde ese punto elevado, la línea se extendía siguiendo el imponente cordón montañoso de la comunidad La Envidia, para luego girar con determinación hacia El Descanso. El perímetro comenzaba a cerrarse por la zona baja de la montaña de La Envidia, descendiendo entre el rumor constante de las cascadas Las Nubes, hasta alcanzar finalmente los terrenos de la actual comunidad de San Francisco de Torreloma.
Una vez marcados estos linderos y establecida su familia Don Segundo bautizó el lugar con su primer nombre: ¨La Soledad¨


Años siguientes: El primer intento de educación


Con el paso del tiempo, nuevas familias se establecieron en el sector. Entre ellas, la familia de don Rafael Moncayo vio la necesidad de dotar de educación a la zona y donó una cuadra de terreno cerca del filo de la montaña para construir una escuela. Mientras el proyecto se concretaba, Don Moncayo autorizó que se impartieran clases en su propia vivienda con un maestro particular.

Sin embargo, debido a que la ubicación geográfica de este terreno no era la más adecuada, Don Segundo García Dávila decidió donar un poco mas de extensión de tierra en la cual se construiría un estadio la escuela y la capilla cambiando así el eje y centro de la comunidad.


1964 – 1968: La llegada del Instituto Geográfico Militar y el origen del nombre «Torreloma»


Durante este período, llegó al lugar una expedición del Instituto Geográfico Militar
y ellos consideraron que esta montaña era uno de los puntos más altos y estratégicos de Ecuador para establecer un nodo de comunicaciones.

Al observar las características del cerro, notaron que el perfil de la montaña parecía una torre, y al tratarse de una loma, decidieron rebautizar el sitio como «Torreloma», desplazando el nombre anterior de San Vicente de La Soledad.


Década de 1970: El camino de acceso, la gestión de los líderes y las cocinas bajo el sol


Ante la necesidad de conectarse con el exterior, la comunidad se organizó para abrir vías de acceso. Bajo la guía del líder principal, Don Manuel Herlindo Paredes Samaniego, se trazó a mano la primera línea de camino hacia el sector de Tiquibuzo. A esta gran causa se unieron activamente otros líderes fundamentales de la comunidad, como Don Ranulfo García, Don Carlos Condo y Don Dimas Guamán, entre otros. Gracias a la gestión e insistencia de estos líderes, se lograron conseguir donaciones de alimentos por parte de la Gobernación de Bolívar para abastecer las jornadas de trabajo.
Posteriormente, la vía se amplió mediante trabajos obligatorios («tareas en metros») repartidos entre los dueños de las fincas colindantes, y voluntarios. En estas jornadas, los alumnos mayores de la escuela colaboraron con las herramientas, dirigidos por los maestros Mardoqueo Cáliz y María Ramos.
Un pilar fundamental en este esfuerzo sobrehumano fueron las madres de familia, lideradas por las señoras Elisa Samaniego, Victoria Paredes,
Julia Naranjo, Dina Yanes, Angélica Vinueza , Bolivia García y muchas otras voluntarias. Ellas asumieron la labor de preparar aquellos alimentos donados bajo la intemperie, soportando soles caniculares en cocinas improvisadas para sostener la energía de todos los trabajadores, convirtiendo cada minga en un acto de verdadera unión familiar y comunitaria.
Tras este enorme sacrificio colectivo, el 30 de agosto de una de las anualidades de esta década, se inauguró oficialmente la carretera con la llegada de los dos primeros vehículos medianos (propiedad de Don Carlos Erazo y del Licenciado Hilber Pazmiño), en medio de una gran celebración junto a autoridades y comunas vecinas.


Cuatro años después de la inauguración: Nace la fiesta patronal


Exactamente cuatro años después del inolvidable logro vial, la conmemoración del 30 de agosto pasó de ser un festejo meramente social a un acontecimiento religioso. Don Miguel Paredes, en acuerdo con los habitantes, propuso celebrar en esa fecha la fiesta comunitaria y donó la imagen de la Virgen de la Nube, consolidándola desde entonces como la patrona de Torreloma.


Años posteriores: Crecimiento, San Francisco y consolidación escolar


El crecimiento de la zona atrajo a más familias. Don Gabriel Vinueza y su esposa compraron una parte de las tierras de Don Segundo García. El sector que ellos ocuparon comenzó a poblarse, superando en número de habitantes al núcleo original, por lo que decidieron llamarlo San Francisco de Torreloma.
Pese a la división residencial, la educación siguió unificada. Las familias de San Francisco enviaban a sus hijos a la Escuela Fiscal Mixta «3 de Noviembre» en Torreloma. Allí, la maestra unidocente María Ramos realizaba una labor titánica al trabajar a doble jornada para poder educar a un grupo de más de 110 alumnos, provenientes tanto de San Francisco como de diversas comunidades aledañas: La Mirán Bajo, El Rosario, La Mirán Alto y La Envidia.
Finalmente, el desarrollo definitivo de la infraestructura llegó durante la administración municipal del Abogado Joaquín Colina, quien ingresó maquinaria pesada para realizar la ampliación definitiva de la carretera y, al concluir la obra, dotó a la comunidad de un estadio propio para sus actividades deportivas.


HISTORIA DE LA VIRGEN DE LA NUBE

 La tradición señala que a fines de 1696 el entonces Obispo de Quito, Mons. Sancho de Andrade y Figueroa, estaba «seriamente enfermo».

Por eso, «como solía acontecer en graves circunstancias», se pidió traer a la Catedral de Quito la venerada imagen de Nuestra Señora de Guápulo, que se hallaba custodiada a «un par de leguas (cerca de diez kilómetros) de la ciudad».

En la tarde del 30 de diciembre la imagen mariana fue sacada en «procesión de rogativa», una práctica que consiste en rezar para suplicar a Dios que aparte calamidades o conceda gracias especiales, y fue seguida por unas 500 personas.

El anda de Nuestra Señora de Guápulo llegó «al final del pretil de San Francisco», cerca «de las 4:45 de la tarde», cuando los fieles terminaban de rezar la segunda decena del Santo Rosario. Luego, como era tradición, «se hizo la señal con la campanilla para que todos se arrodillasen para entonar el Gloria Patri» (Gloria al Padre o Gloria), y entonces ocurrió un prodigioso suceso. De pronto, en dirección al caserío de Guápulo, «se vio claramente en el cielo» una «figura formada por nubes» que era de gran tamaño. En ese momento, el P. José de Ulloa y la Cadena, capellán del Monasterio de la Limpia Concepción de Quito, exclamó: «¡La Virgen, la Virgen!», y muchos vieron sobre los aires, en el lugar señalado, la figura de la Madre de Dios «dibujada por las nubes».

Según señaló el escritor P. Fernando Jaramillo en su obra Novena a la Santísima Virgen de la Nube, «estaba la imagen de pie sobre otra nube más oscura y densa que le servía como pedestal o trono. Llevaba corona en las sienes y en la mano derecha un ramo de azucenas a manera de cetro».

«Con la izquierda estrechaba al Divino Niño Jesús, hacia quien tenía dulcemente inclinada la cabeza. Sobre los cabellos y espalda flotaba un airoso velo formado igualmente de una nube. Vestía una cándida túnica de sencillos y ondulantes pliegues, medio oculta por un manto de amplitud majestuosa y regia», agregó el sacerdote. La aparición de María Santísima «duró lo suficiente como para que todos pudieran darse cuenta perfectamente de ella», precisa el sitio web. Cuando la procesión terminó, se levantó un acta que es declarada por la máxima autoridad local, el presidente de la Audiencia, y «otros testigos calificados», un proceso registrado hasta la actualidad en el Archivo Arzobispal de Quito, agrega.

Según escribió el P. Vargas Ugarte en su Historia del culto de María en Iberoamérica y de sus imágenes y santuarios más celebrados, no todos los presentes lograron ver la aparición, «quizá porque no acertaron a distinguirlo o porque no les fue concedido verlo». Por su parte, el P. Jaramillo apuntó que algunos observaron a los pies de la Virgen «otro bulto formado así mismo de nube, que semejaba a un sacerdote».

Tras el suceso, el entonces Obispo de Quito “recobró inopinadamente la salud», y no sólo autorizó el culto a Nuestra Señora de la Nube, «sino que mandó erigir un altar» en gratitud a la Madre de Dios y «para conmemorar» su aparición. El prelado, quien era muy devoto de la Virgen María y del Rosario, falleció seis años después, en mayo de 1702.

La devoción a la Virgen de la Nube trascendió fronteras y llegó a Lima (Perú), donde la priora del Monasterio de las Madres Nazarenas, Madre Bárbara Josefa de la Santísima Trinidad, incorporó un lienzo de esta advocación mariana en las andas del Señor de los Milagros. El propósito era rendir homenaje a la fundadora del Instituto Nazareno, la Sierva de Dios Madre Antonia Lucía del Espíritu Santo, que había nacido en Guayaquil (Ecuador).

La devoción al Señor de los Milagros se originó en el siglo XVII, cuando un fuerte terremoto sacudió Lima y todo se desplomó excepto el muro donde estaba pintada la imagen de Cristo Crucificado. Esta es una de las devociones más veneradas en el Perú y reúne cada octubre a cientos de miles de fieles que salen en procesión por las calles de la capital.

En 1746 ocurrió un fuerte terremoto y maremoto en Lima y Callao que destruyó todo a su paso. En el puerto sólo sobrevivieron 200 personas de una población de entre siete u ocho mil personas.

Tras el siniestro, la población sacó en procesión por cinco días al Señor de los Milagros, que por primera vez tenía al reverso la imagen de la Virgen de la Nube. Desde entonces la devoción mariana creció en el país.